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La reforma universitaria que acompaña al nuevo Espacio Europeo de Educación Superior ha supuesto para la disciplina enfermera el alcanzar una mayoría de edad en el ámbito educativo. Bolonia, nombre con el que tradicionalmente conocemos este proceso, ha facilitado que, tras largos años de discriminación infundada, los estudiantes de Enfermería y la profesión en su conjunto se vean afectados por las mismas obligaciones e iguales derechos que el resto de los alumnos de la universidad española. El nuevo título de Grado en Enfermería, obtenido tras cuatro años de formación universitaria es una realidad que ha de acompañarse –como no- de nuevas y más amplias competencias en el campo del ejercicio profesional. Si a ello le unimos una formación de posgrado vía especialización, cuya puesta en marcha se encuentra cada vez más cerca una vez finalicen sus trabajos iníciales las comisiones nacionales de cada especialidad, el resultado en un perfil enfermero que –como afirma el ministro Bernat Soria- exige una revisión de sus competencias actuales en aras a aprovechar unos recursos cada vez más cualificados y más comprometidos con la protección de la salud de los ciudadanos y de su seguridad clínica.
Pero no basta con reiterar esta necesaria revisión y ampliación de competencias. Es hora de trasladarlas al propio ejercicio profesional para –como también ha expresado el Ministro- “hacer normal lo que es normal”. Un escenario en el que se dibuja con claridad la realidad de la prescripción enfermera. Hemos hablado mucho de esta necesidad, y hasta obligación moral, de regulación de la actividad prescriptora enfermera. Es la hora de llevar a la práctica los compromisos. Por parte de los enfermeros éste ha sido el de no quebrar el servicio que presta a sus pacientes, aun cuando el hacerlo así no reúna las garantías necesarias para su propia seguridad jurídica. Es la hora de que, quienes tienen la responsabilidad de dotar de esa seguridad a los profesionales, conviertan en normal lo que es normal... Y el Ministro de Sanidad, una vez más, está dispuesto a hacerlo.
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MAITE DÍAZ NAVARLAZ
Maite Díaz Navarlaz, profesora e investigadora de la Escuela de Enfermería de la Universidad de Navarra, se ha incorporado durante un año a la Organización Mundial de la Salud (OMS) en Ginebra (Suiza) donde liderará un proyecto sobre la seguridad en las Unidades de Cuidados Intensivos de los hospitales españoles.
Esta especialista obtuvo el año pasado una de las becas que concede la OMS y la Universidad Johns Hopkins para realizar un programa de formación en seguridad del paciente. Gracias a esta beca cursó un Máster en Salud Pública en la Bloomberg School of Public Health de la universidad norteamericana.
Allí junto con otros tres profesionales de India, Kenia y EE.UU. trabajó con el grupo de investigación para la Calidad y Seguridad dirigido por el doctor Peter Pronovost. De esta experiencia la profesora destacó el trepidante ritmo de trabajo en la institución: "Los profesores saben que trabajan en un centro de referencia mundial con alumnos que en el futuro ocuparán los puestos de decisión, por lo que su nivel de exigencia resulta muy alto".
Este año, como parte también del programa, Maite Díaz Navarlaz se ha incorporado al departamento de la Alianza Mundial por la Seguridad de los Pacientes división de la OMS encargada de Calidad y Seguridad donde dirigirá el proyecto sobre las Unidades de Cuidados Intensivos de hospitales españoles.
La iniciativa, llevada a cabo junto con el Ministerio de Sanidad y Consumo de España, estudia implantar un programa diseñado por el doctor Peter Pronovost para reducir las infecciones asociadas a catéter venoso central en las Unidades de Cuidados Intensivos de nuestro país, programa que ya ha demostrado ser muy eficaz en el estado de Michigan (EE.UU).
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